Lo primero, hago tres preguntas. ¿Qué quiero obtener? ¿Qué tengo? ¿Cómo llegar de lo que tengo a lo que quiero?
Esas tres preguntas las respondo con algo que mucha gente olvida en los problemas: las unidades. Casi todo el mundo se fija en los números. Yo no. Es lo último que utilizo. Busco cuál es la unidad que me pide el problema, busco cuál es la unidad que tengo, y busco unirlas mediante sucesivos factores de conversión.
¿Que qué es un factor de conversión? Bueno, es sencillo: un número que multiplica a una fracción. Pero esa fracción es especial: no hay números en ella, sino unidades, dos unidades. Una está arriba y otra abajo. La unidad de abajo es la unidad que tengo y la unidad de arriba es la unidad que quiero.
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